No sé exactamente cuál es la causa, pero al mundo del fútbol le cuesta adaptarse a nuevas exigencias. Podemos pensar que es una característica más del propio deporte pero es difícil justificar la reticencia del fútbol a abrir los ojos a las nuevas tecnologías y a adaptar reglamentos que, sin duda, harían más fácil cuestiones tan controvertidas como el arbitraje (consulta al video tras jugadas dudosas, tiempos añadidos, …) Lo mismo ocurre, y es éste el objeto de nuestro capítulo actual, con el material deportivo deportivo que se emplea para el juego y que es capaz de ocasionar perjuicios graves en la salud del deportista, hecho este que se agrava de manera importante si hablamos del fútbol de base y que muchas veces cuenta con el beneplácito de quienes trabajamos y convivimos con los chicos, supeditando a veces lo bonito a lo bueno. Analicemos de una manera más pormenorizada algunas de las características que pueden perjudicar al futbolista de base (¿más tarde de élite?).
El balón de fútbol:
Nuestros prebenjamines, benjamines y alevines ya han tenido la suerte de encontrarse con balones de menor volumen y peso, lo que no deja de ser un paso adelante en este largo camino, pero aun queda mucho por hacer. Los infantiles (12 y 13 años) ya juegan con los mismos balones con los que actúan los amateurs (cercano a los 500 g), lo que puede hacernos pensar que no todos los chico de esa edad poseen una estructura musculoesquelética suficiente (la variabilidad de altura y peso de los niños en esta edad es grande fundamentalmente sustentada por su más o menos pronta llegad de la pubertad) para desplazar el balón sin sufrir ningún tipo de daño.
Además no podemos olvidar que muchos de los movimientos específicos en el fútbol, como los golpeos de balón, no son movimientos que se produzcan habitualmente en la vida cotidiana (hasta la fecha no hemos visto muchos mono, primos nuestros en la escala filogenética, ir por ahí dando patadas a un balón), lo que puede traducirse en desequilibrios musculares y, por tanto, mayor incidencia lesional. La rodilla del niño, en crecimiento constante, no pose en aúna la capacidad de protegerse a sí misma ante la agresión que supone la resistencia que el peso del alón genera ante el golpe directo con el pie. Esta resistencia que se produce lejos de la rodilla (en el pie) transmite una tracción excesiva del cuadriceps (músculo de la parte anterior del muslo9 cuya actividad es imprescindible en al golpeo del balón) sobre la generando y/o agravando lesiones a ese nivel.
Una buena técnica de golpeo, así como una duración e intensidad adecuada de los entrenamientos (objetivo del trabajo de los entrenadores) prevendrá sin duda este hecho, pero desde luego que la adecuación de las características de la pelota a la fisiología del niño daría beneficios mucho mayores. Las rodillas tienen que durarnos toda la vida y es triste que por u mal uso en edades tempranas corramos el riesgo de pagar consecuencias en el futuro.
Otra de las circunstancias a tener en cuenta en la relación balón de fútbol – salud del deportista de base, es la actuación de los porteros. Como acabamos de ver la estructra ósea del niño no está aún terminada a la edad de las categorías infantil o cadete, por lo que será más fácil que sufran alteraciones ante traumatismos de una intensidad moderada. Con esto no quiero decir que los niños se queden en casa sin jugar, tan sólo constato un hecho descrito y publicado, el mayor riesgo de lesiones óseas en los miembros superiores de los porteros en edades tempranas. Y es que, si un fuerte pelotazo con 8n balón oficial le viene mal a cualquier guardameta, aún peor le vendrá a los chicos.
Las dimensiones del terreno de juego:
De igual forma que en el tamaño y peso del balón, hasta los alevines ya disfrutan de un terreno de juego más acorde con sus características con los campos y porterías de fútbol 7. No obstante, es más que probable que las categorías infantiles también precisaran de alguna adaptación en relación alas dimensiones del terreno de juego. Es difícil que un niño de 12 años que en el mes de mayo disputa sus partidos en un terreno que es prácticamente la mitad que un campo de fútbol 11 pueda hacer un cambio de juego en Junio en las extraordinarias dimensiones que par él resultan los 65 m de ancho de cualquiera de los terrenos que podemos encontrar.
Distancias entre jugadores exigencia física muy superior a la deseable, dificultades para los niños con un desarrollo menor que el de otro compañero que ya ha dado el “estirón”,…, todas las circunstancias que nos pueden hacer pensar en la conveniencia de qu ese gran salto de entre las dimensiones de los campos de fútbol 7 y las de fútbol 11 se realice de una forma más progresiva.
Las superficies:
Tema que ha dado y dará mucho que hablar. Que no se asuste nadie, aún, porque no voy a pedir hierba natural para todos. Tan sólo argumentar dos extensas cuestiones.
En primer lugar debemos tener en cuenta que si hablamos de profesionales cuando las circunstancias del terreno de juego no permiten el desarrollo correcto del espectáculo, los partidos se suspenden, en el caso de la base el sentido del desarrollo vistoso del deporte debe quedar en un segundo plano y dar, sin embargo, un paso adelante. En nuestra problemática, debe ser la salud y la protección de la integridad física de los chicos los que deben primar en la toma de decisiones a la hora de suspender o disputar partidos, o incluso, modificar las condiciones de las superficies. No sólo me refiero a campos embarrados o helados. Hay que ir un poco más allá. Hace poco en nuestra página web (16-2-2003), el presidente del Trinitarios exponía su disconformidad ante el peligro que suponen las porterías de fútbol 11 en los campos de fútbol 7 que utilizan medio campo del terreno habitual del fútbol 11, pues permanecen apostadas en la línea de banda a la altura del centro del campo. Cualquier chico, en su intención por disputar un balón, a ante la carga de un contrario puede golpearse con el poste de la portería y sufrir un daño importante Es posible que aún no haya ocurrido algo grave, pero el peligro está ahí y hay que evitarlo. De la misma manera me gustaría llamar la atención sobre la cercanía de las mismas porterías de fútbol 7 (por lo general, fácilmente retirables) al campo de fútbol 11. Cadetes, juveniles y amateurs, con mayor presencia física y contundencia a la hora de luchar los balones corren el grave riesgo de sufrir traumatismos ante la poca distancia que en ocasiones existe entre la línea de fuera de banda y las porterías portátiles de fútbol 7. Lo mismo ocurre con las vallas situadas alrededor del campo. Entendiendo perfectamente que de alguna manera hay que delimitar el espacio en el que se deben colocar los animosos padres y espectadores que acuden cada fin de semana a animar a sus equipos o jugadores preferidos, pero es posible que la distancia entre las vallas y el campo sea escasa y que además el material y la disposición de las mismas no sea la más adecuada. Y me explico: barras de hierro de considerable tamaño que, en muchas ocasiones, están clavadas al suelo, no son probablemente las mejores condiciones que poner al servicio de la seguridad del futbolista. De cualquier manera la mayoría de estas vallas son fáciles de saltar, y en ningún caso impiden la entrada de espectadores (si esta fuera su intención) al terreno de juego. Una cinta de plástico podría hacer la misma función sin tanto perjuicio. Si cumplen, por otro lado, una función publicitaria, cualquier material más blando (plástico, panel de madera,…) no anclado al suelo realiza el mismo efecto y a la vez evita accidentes.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta la aparición de nuevas superficies sintéticas denominadas genéricamente como hierba artificial. Desde luego de ésta es una buena solución a los campos de tierra y al barro que, además de presentar condiciones tremendamente variables y de difícil adaptación resultan incómodos y abrasivos para los chicos. Ahora bien, debemos ser conscientes que para que las superficies artificiales sean capaces de solventar estos problemas deben reunir unas condiciones e instalación y mantenimiento muy determinadas que desgraciadamente no siempre reúnen. Existen ya varias generaciones tanto en la hierba como en el sustrato de los campos de hierba artificial. Cada innovación en este aspecto resuelve algunos problemas del standard anterior, pero aún queda mucho por hacer. El índice de rozamiento (disculpen si me pongo un poco técnico, será llevadera, lo prometo) de alguna de estas superficies es excesivo, por lo que el agarre del calzado en la superficie es capaz de dificultar los giros y cambios de dirección del deportista, predisponiéndolo a lesiones que pueden resultar de una gravedad considerable. Por otro lado, la capacidad de amortiguación de las presiones de las superficies depende de la capa situada bajo la hierba verde. Desde los días en que esa capa fue inexistente (capacidad de amortiguación nula) han salido al mercado numerosas posibilidades, desde las que hoy podemos decir que presentan dos problemas fundamentalmente:
1.- La inestabilidad: la goma asfáltica que se sitúa bajo el verde es cada vez más blanda y cede bajo el pie cuando la presión es intensa (salidas paradas, cambios de dirección,…) lo que genera inseguridad y desconfianza en los apoyos.
2.- El rebote: hemos dicho que lo primero que hace la superficie en respuesta a la presión es ceder, pero a esto se le suma el hecho de que al ser elástico tiende a recuperar su situación inicial, devolviendo la fuerza suministrada hacia el pie del futbolista. No quiere decir esto, en ningún caso, que vaya a salir volando rebotado como si fuera un muelle. Este rebote, de lo que sí es capaz es de generar pequeñas vibraciones y contracciones en el músculo, capaces a la larga de provocar lesiones por sobreesfuerzo tanto a nivel muscular como tendinoso.
De cualquier manera, la instalación de estos campos me parece lógica y adecuada, puesto que su mantenimiento supone un coste mínimo, aunque necesario, poseen gran longevidad y no alteran en exceso sus condiciones anta las variaciones climáticas. Además, numerosos empresas y organizaciones sigue investigando el camino para reducir la problemática. En este sentido me gustaría destacar la labor del Instituto de Biomecánica de Valencia, único laboratorio español capaz de realizar ensayos según las normativas siguientes:
- Normativa europea (EN)
- Normativa española (UNE)
- Normativa de Federaciones Internacionales
Y que pertenece a la International Association for Sport Surfaces Sciences, ISSS. Algunas ilustraciones sobre sus trabajos han sido tomadas para este capítulo y os invito a todos a que visitéis su página web www.ibv.org.
El calzado:
Con ver la televisión durante un tiempo corto podremos darnos cuenta de la variedad de calzado deportivo que nos invade. Multitud de marcas, modelos patrocinados por profesionales de primera línea, todo encaminado a que compremos un material del que, en muchas ocasiones, desconocemos su calidad o no ha sido concebido para pies tan frágiles como los del futbolista de base.
Analicemos por partes:
1.- La suela: no nos engañemos, el principal factor que debemos tener en cuenta a la hora de elegir la suela o los tacos de las botas ha de ser la superficies del terreno de juego. Esto nos hace pensar que si hay distintas superficies los chico no pueden disponer de un solo tipo de suela en sus botas. Podemos argumentar algunas reglas generales para realizar la elección en función de la superficie y los tacos.
- Aluminio: en niños y adolescentes tan sólo deben emplearse en contadas ocasiones por varias razones: el número de tacos es pequeño por lo que el peso total se reparte sobre una superficie muy escasa lo que aumenta de manera considerable la presión en determinados puntos de la suela, transmitiéndola a la planta del pie (más acusado en lo 2 únicos tacos del talón). Este hecho, a la larga, crea hiperqueratosis (callos), talalgias, y otras alteraciones del apoyo que pueden dar repercusiones al resto del organismo. Por otro lado, si se usan los tacos de aluminio es para aumentar el agarre en terrenos embarrados. Este agarre boñiga al futbolista a realizar una tracción extra de su pie para sacar los tacos del barro que si no se produce correctamente puede suceder que el pie se “quede clavado” en el suelo y determinar lesiones ligamentarias en tobillos y/o rodillas al realizar giros arrancadas.
- Tacos de goma: quizá para la base el tipo de tacos más empleado a excepción de los que trabajan en superficies artificiales. Los tacos de goma, en mayor número, por los general, que los de aluminio aportan buena sujeción y un apoyo adecuado para la mayoría de los campos de tierra y algunos de hierba. La superficie de apoyo es suficiente para repartir y transmitir el peso de una manera más acorde hacia la planta del pie. Además el agarre al suelo es bastante bueno y pocas veces excesivo, por lo que no supone una carga mover las botas sobre el terreno.
- Turf o de hierba artificial: hoy día están suponiendo una revolución debido a la proliferación de los campos artificial. Esta suela, presenta multitud de pequeños tacos de goma a lo largo de toda la extensión de la huella. En ningún caso pretenden clavarse en la superficie (con todos lo beneficios que este planteamiento presenta), su cometido es ofrecer una mayor zona de contacto con el piso de manera que el coeficiente de rozamiento aumenta permitiendo así que los movimientos se realicen con suavidad y seguridad. La utilización de otros tipos de suela sobre la hierba artificial está muy discutida pues como hemos visto, aumentan el agarre de mane4ra excesiva, siendo las lesiones el caballo de batalla.
- La piel: La denominamos así, y nos referimos al resto de la superficie de la bota, a pesar de que en este caso también lo materiales sintéticos (cada vez más ligeros y adaptables) están invadiendo el mercado. Ciertamente, la variedad es enrome, pero sea cual sea la calidad debe reunir unas características uniformes:
- Adaptables: cada individuo tiene unos pies con morfología diferente. Todos somos distintos y nuestros pies también. Por ello, el revestimiento de la bota debe ser capaz de adaptarse perfectamente a pies más anchos, más estrechos, con mayor o menos “puente”,.., sin acusar ningún tipo de malestar al deportista.
- Protección: cada vez que golpeamos el balón sufrimos un pequeño traumatismo en el pie. La piel y lo acolchados si existen deben cumplir esa función. Por otro lado, están los golpes directos y pisotones de los contrarios. Una piel resistente ayudará a aliviarlos.
- Fijación: la piel tiene que adaptarse al pie pero a la vez fiarlo y que no deslice dentro del calzado. Las costuras han de ser firmes y la zona del talón (zona de transmisión de presiones) ha de estar reforzada suficientemente con elementos de mayor dureza para que no se produzcan inseguridades en el pisar, que provocarían heridos y quemaduras o peor aún, esguinces de tobillo y fracturas.
- Los cordones: y es que después de tanta tecnología seguimos asegurando nuestro calzado deportivo con una cuerda y un nudo. Es lo más sencillo. Tan sólo una breve anotación a tener en cuenta sobre este parecer. Los cordones de las botas de fútbol acostumbran a ser extraordinariamente largos para que puedan atarse donde el futbolista quiera sin que le molesten los nudos a la hora de golpear el balón. Esto está bien, y además cuenta con unas lengüetas enormes para cubrir esos nudos. Lo que no debe ocurrir es que esos largos nudos sirvan para dar vueltas al tobillo alrededor del tendón de Aquiles, corriendo el riesgo de sufrir tendonipatias, rozaduras, .., o que se aten por encima de la lengüeta en contacto directo con la media, la cual no está destinada a amortiguar impactos, exponiendo a los tendones extensores del pie a un sufrimiento innecesario. Tampoco es pedir tanto.
Una última anotación con respecto al calzado y va para todos. Ni muy grandes y es una pena que se le queden al chico pequeñas las botas cada poco tiempo, pero merece la pena por no correr riesgos absurdos, ni muy pequeños, ya que aunque la tendencia del futbolista al crecer es ésta por la sensación de seguridad que produce, un calzado demasiado apretado es causante de un conjunto de problemas que aparecerán posteriormente tales como metatarsalgias (dolor en la parte anterior de la planta del pie), hallux valgus (juanetes), dedos en garra,…
Nada más por ahora. Espero les haya servido de algo, al menos para que cuando vayamos a comprar otras botas nuevas no nos fijemos tan sólo en si son las que lleva al o cual estrella de fútbol.